El verano, el sol, sí, por fin la playa. Alquilo un apartamento, sola. Porque para qué voy a ir con mis amigas, si ellas tienen novio. Yo no, pero no las envidio. Serán cretinas. El apartamento de alquiler, completamente amueblado, decía el anuncio. El salón: una mesa-camilla, con falda de terciopelo. Me dice: es de lana y tiene un brasero. Pienso, para el verano claro. ¿Aire acondicionado? Para qué, dice la dueña, aquí se está muy fresquito por la noche, corre una brisaaaa, pero algo tengo en el piso para el aire. Un abanico, tiene una abanico. Gracias señora. También tiene dos sillas de anea, comodísimas, pa’ echarse unos cantecitos que ni te digo. Un mueble con tele 10” y antena retractil. No tiene, por eso es retractil. Así que no se ve un pimiento. Una terraza, lo decía el anuncio: “con inmejorables vistas”, un solar en obras. En la terraza una mesa de plástico y dos tumbonas, desencajadas por supuesto, eso sí, alguna vez fueron blancas. El dormitorio: dos camas, 150cm cada una, de largo, claro, no de ancho. Para los 7 enanitos, apretaditos y sin Blancanieves, eh. Las camas sin vestir, sin sábanas, sin bajera, sin colcha, pero con un plastiquito. Es porque a la abuela se le escapaba la orina. Gracias, señora, le digo, por entrar en detalles. Y yo no he traído el saco de dormir, porque no estoy en un camping, que he alquilado un apartamento… y a qué precio. Un armario empotrado, muy empotrado, tan empotrado que no tiene fondo; en el armarito del cuarto de baño cabe más ropa.
Buen ambiente de playa, eso es cierto. El vecino de arriba con la última del verano: un dos, los micrófonos, proba proba, los micrófonos. Me voy a cagar en todo lo que se me menea. Mucha marcha, también es cierto. El vecino de al lado abonado al canal 47 todas las noches, aprovechando antes de la desconexión analógica, y los simpáticos chicos de las motos romm-romm-quete-romm-que te rommpas la crisma, chaval, que no me dejas dormir. La playa está muy cerquita. A 10 minutos. En autobús, pero en verano no hay servicio, una lástima, habrá que ir andando.
Voy a la playa, con mi sombrilla y mis cosillas. Primero busca un hueco, un hueco minimalista, por supuesto. Ah, mira, ahí hay una duna sin nadie. Sin nadie, sin nadie, pero con hormigas y a quinientos metros de la orilla. A mí ya me da igual, yo pongo mi sombrilla. Aire de levante, viento, más viento, se vuela la sombrilla, corro detrás de ella, me caigo, masco arena, ñam ñam ñam, dieta mediterránea, qué rica, una maravilla. Cuando vuelvo a mi duna, hay una familia, al completo. Padre, madre y cuatro churumbeles. Han tomado la duna, así que me pongo en la ladera. Ahí no puedo poner sombrilla. En seguida, el padre de familia, se asoma al borde de la duna, se pone en jarras con una mano, saca barriga, el pitillo en la boca, la cerveza en la otra mano… y la riñonera y como quien no quiere la cosa se hace el simpático. ¿Tienes hora, bonita? No, no tengo hora, lo siento. Le digo lo siento. ¿Y por qué lo siento yo? Pues porque me ha quitado mi duna, porque sus niños son Atila, los unos y los otros, y porque no deja de mirarme. Pero mírame a los ojos cuando me hables. He dicho a los ojos. Y que no insitas, que no tengo hora y no intentes entablar conversación con eso de que hace calor, que estamos en verano, joder.
Amargada, decido darme un baño, al menos eso me calmará. Busca otro hueco en la orilla para entrar en el mar, a empujones, claro. Lo logro, me zambullo. Qué verbo más feo, me zambullo. Me meto en el agua. ¿Por qué está tan caliente el agua si estoy en el Atlántico? Miro alrededor, un niño, tiene los ojos cerrado y un rostro feliz. ¡Antoñito!, ¿ya? Le grita la madre. El niño asiente. Salgo del mar, busco la toalla y cuando la encuentro, busco el bolso, ese no lo encuentro, tampoco a la familia. Vuelvo al apartamento, me ducho, me miro al espejo y descubro que no estoy morena sino roja. Queda mucho mejor el color de las tejas con mis ojos, sin duda. ¿Y quién me va a echar after sun en la espalda este verano? Si estoy sola. Voy a llamar a mi madre, igual en el pueblo… tienen sitio para mí.
Comienza el verano. La playa, el sol, la arena, fiestas populares, ruido, mosquitos… veranada.